Las ciudades invisibles

De entre mis sueños recurrentes, los que más encienden mi imaginación son aquellos que podrían llamarse arquitectónicos. Me encuentro a menudo envuelto en construcciones minimalistas, envolventes, por supuesto imposibles, proyecciones al mundo de la forma y el espacio de ideas o miedos fundamentales. Escaleras, ventanas, muros infinitos en ángulos imposibles, nada que no se pueda encontrar en el repertorio surrealista; lamentablemente no recuerdo si primero lo soñé o lo vi en aquellas pinturas o películas, mas no importa sino para la inapropiada causa de las causas.

El tedio de la rutina y Sísifo en las escaleras, a veces interrumpidas por abismos que crecen cuando intento saltarlos. Sobrios muros convergiendo en la fuga, cruzados por polígonos puntudos mutando como si vivieran en dimensiones superiores, que tanto me producen maravilla como un miedo arácnido, angular. Cuevas subterráneas, madrigueras proyectando la seguridad del hogar, por supuesto sin salida, claustrofóbicas. Y tantas otras, indescriptibles, y por ello olvidadas.

Las ciudades invisibles vive precisamente en ese espacio de tránsito donde la literatura me parece más poderosa, bajo el portal que otorga sustancia al sentimiento inefable. Calvino ataca en sentido inverso, armado de un lenguaje exquisito, buscando libremente en el espacio de las ideas y del sentir universal todo aquello que sea posible transmutar a la forma de la ciudad. El truco genial es su habilidad para mantenerse siempre en medio, sin caer hacia ningún lado, manejando con maestría circense el equilibrio de la ambigüedad. Construye así un inmenso jardín para la imaginación donde es posible dejar libres nuestras ideas, nuestras geometrías esenciales, incluso nuestra propia historia. Materializadas como cristales de humo es posible observar lo que intuimos en sueños, en viajes, en la similar soledad de la cama y el turista.

Suerte la mía, encontrarme este libro que logra materializar mis sueños favoritos. Volví a sentir como que leía a Borges por primera vez; más grande elogio literario no se me ocurre. Ahora por supuesto correré a leer más de este Calvino que hasta ahora era simplemente un nombre familiar. Les cuento.

(Comentarios sobre Las ciudades invisibles por Italo Calvino)

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